El arte del maridaje

La unión entre vinos y quesos es un clásico difícil de mejorar. Saber combinarlos bien nos da la posibilidad de experimentar sabores inusuales y regalar a nuestro paladar placeres inesperados. No hay una única regla, ya que al fin y al cabo es cuestión de gustos, y el objetivo principal es disfrutar de una combinación acertada. Lo que sí es imprescindible es que entre el queso y el vino haya una armonía y equilibrio –sin que uno domine sobre el otro- y que se complementen.

– Quesos semicurados suaves: por ejemplo, los de Cerrón combinan perfectamente con la frescura del vino blanco Costers del Segre Raimat Terra y con la expresividad del blanco Las Mulas.

– Queso de Catí: este queso de sabor fuerte es la pareja ideal del vino tinto Nerola.

– Queso Provolone: para equilibrar la potencia de este queso italiano se necesita un vino rico en taninos y bien estructurado. Por ejemplo, el vino D.O. Rioja Viña Zaco.

Queso parmesano: estamos ante un queso de corteza dura, con aroma acentuado y sabor ligeramente picante. Lo acompañaremos con un vino con fuerte personalidad, el Clos del Mas, un Priorat biodinámicas de las bodegas Pinord.

– Quesos azules: son de corteza blanda, como el roquefort Papillón, que tiene un sabor fuerte y es un poco picante. Este tipo de quesos combinan con vinos tintos como el D.O. Rioja Quinto Arrio Crianza o el D.O. Navarra Quaderna Vía.

– Quesos blandos y cremosos: los quesos gallegos de Avega, de textura cremosa y uniforme, por ejemplo, combinan muy bien con un vino blanco del Penedès Castell de Soterra.

– Quesos de oveja de corteza cocida: como el queso manchego de oveja curado o semicurado Veritas, que resulta deliciosos junto al vino Roble Oinoz de Ribera del Duero.