El equilibrio ácido-alcalino

El equilibrio ácido-alcalino es esencial para el buen funcionamiento de los procesos vitales. El medio interno tiene que ser ligeramente alcalino, porque un exceso de acidez tiene una acción agresiva sobre el organismo. Para conseguir el punto exacto de armonía hay que saber cuáles son los alimentos ácidos y cuáles los alcalinos; para así poder revisar nuestros hábitos alimentarios.

El equilibrio ácido-alcalino - Veritas

Acidez y alcalinidad son dos términos que responden a la forma de clasificar la reacción de cualquier elemento. El grado de acidez o alcalinidad se mide a través de la escala de pH y va de 0 (extremo ácido) a 14 (extremo alcalino). Lo ideal es que nuestros niveles se sitúen en 7,40 – 7,45.

Los síntomas de un exceso de acidez son debilitamiento en general y cansancio, sabor agrio o viscosidad en la boca al levantarse, caries, uñas quebradizas, cabello reseco, confusión mental, falta de energía, rampas, aumento de peso sin razón aparente, bajada de defensas, etc. Por su parte, un problema de hiperalcalinización sólo puede derivar de una hiperventilación, de vomitar en exceso o de comer grandes cantidades de verduras y frutas sin equilibrarlas con cereales o proteínas.

El equilibrio ácido-alcalino

A grandes rasgos se pueden establecer dos grupos de alimentos: alcalinizantes o acidificantes. Muchos dietistas recomiendan una proporción de una parte de alimentos acidificantes por tres de alcalinizantes.

Acidificantes: no se trata de prohibirlos todos, sino de evitarlos en situaciones en las que percibimos un desequilibrio de nuestro organismo, que en general suele ser ácido.

  • Azúcar refinado: pasteles, chocolate, bombones.
  • Harinas refinadas: pan blanco, pastas, repostería.
  • Refrescos y bebidas industriales azucaradas.
  • Aceites refinados o hidrogenados.
  • Carnes, aves, embutidos, pescados, frutos del mar.
  • Clara de huevo y huevo entero (la yema es alcalinizante).
  • Quesos: los fuertes son más ácidos que los suaves.
  • Leche desnatada de vaca.
  • Cereales integrales y derivados (son ligeramente acidificantes): arroz integral, avena, centeno, germen de trigo, harina integral, maíz, pan integral, pasta, polenta, trigo.
  • Legumbres: judías, habas, lentejas.
  • Café, té, cacao, vino.

Alcalinizantes: tienen que ser la base de la alimentación y todos son ricos en vitaminas, minerales y fibra.

  • Verduras frescas (crudas o cocidas): lechuga, germinados, tomate, ajo, apio, berenjena, brócoli, calabacín, calabaza, cebolla, chirivía, colinabo, endivia, escarola, espinacas, nabo, patata, pepino, rábano, remolacha, col, zanahoria, aguacate, achicoria, canónigos, cardo, champiñón, col, coliflor, diente de león, orégano, perejil.
  • Verduras lactofermentadas: chucrut, pepinillos, pickles.
  • Frutas: moras, fresas, arándanos, granada, cerezas, frambuesas, limón, pomelo, mandarina, naranja, manzana, piña, ciruela, melocotón, melón, sandía, plátano.
  • Soja, azukis, umeboshi, miso, shoyu, tamari, algas, gomasio, sésamo.
  • Frutos secos: almendras, castañas, nueces de Brasil, dátiles, pasas, higos secos.
  • Romero, tomillo.
  • Bebida de almendras.
  • Leche, queso blanco, nata, yogur, cuajada.
  • Mijo, trigo sarraceno.
  • Aceite de primera presión en frío.