La constitución que tengas te indicará qué comer

La constitución de las personas viene determinada por la herencia genética y no cambia a lo largo de la vida. Según el diagnóstico oriental hay dos tipos de constitución: la yin, que vemos en personas delgadas, frágiles y de líneas alargadas, y la yang, de cuerpo más robusto, osamenta grande y aspecto más cuadrado.

La constitución yin

El rostro yin suele ser estrecho y en forma de lágrima invertida: ancha en la zona de la frente y estrecha en la barbilla. De piel pálida y pómulos poco pronunciados, tiene los ojos más bien grandes y las cejas redondeadas y separadas. En cuanto a la nariz, el puente y las ventanillas son estrechos y la boca es moderadamente ancha y de labios más bien pálidos.

En general, las personas yin tienen una pobre circulación sanguínea, por lo que suelen tener el metabolismo frío y no les gusta el invierno. Tienen un cuerpo delgado, y a veces frágil, les cuesta el trabajo físico duro, disfrutan acostándose tarde y, al tener el sueño ligero, necesitan un tiempo para quedarse dormidas.

En cuanto al carácter, el diagnóstico oriental nos dice que poseen una disposición refinada, una voz suave y un comportamiento amable en general. Son muy sensibles (sobre todo ante sus propias emociones) y, aunque suelen ser personas muy emotivas, tienen cierta dificultad para expresar sus sentimientos. De ahí que sean tímidas y ocasionalmente se encierren en sí mismas, tendiendo a ser introvertidas. Además, tienen una gran intuición.

Las personas yin no gozan de un gran apetito, pero por norma prefieren los alimentos dulces y más ligeros, y generalmente tienen una digestión débil. Además, tienen que vigilar su salud porque su complexión es frágil y su inclinación por los alimentos suculentos o dulces puede provocar trastornos digestivos y enfermedades del bazo, el sistema linfático y los riñones.

Con el objetivo de lograr el equilibrio, su alimentación debe basarse en cereales, verduras, legumbres, pescado, algas y un consumo moderado de fruta en invierno. Y resulta imprescindible que controlen los dulces, las bebidas azucaradas y el alcohol.

La constitución yang

El rostro de las personas yang es habitualmente entre redondo y cuadrado, con una mandíbula amplia que le da apariencia de fuerza. Por lo que se refiere a la tonalidad de la piel, tiende a ser rojiza, igual que los labios, que también son oscuros y carnosos. Generalmente, la nariz suele ser amplia y los ojos más bien pequeños, enmarcados por unas cejas muy pobladas. Así mismo las personas yang tienen la voz enérgica.

Son fuertemente emotivas, no tienen problemas para manifestar sus sentimientos, sean de amor o de rabia, y tienen una gran facilidad para convertirse en adictos al trabajo. No siempre destacan por su gran sensibilidad. Suelen ir al grano y evitan la diplomacia. De hecho, a menudo son bruscas e imperiosas. Por ello, les conviene practicar actividades tranquilas como la meditación, la jardinería o el yoga.

Por lo que se refiere al descanso, siguen los ciclos de la naturaleza: se van a la cama pronto, duermen profundamente, se despiertan con la salida del sol, empiezan a trabajar pronto y conservan la vitalidad durante todo el día. Prefieren las temperaturas frescas antes que las cálidas, les gusta estar al aire libre y disfrutan con el trabajo físico y los deportes.

Como tienen apetito y una buena digestión, tienen tendencia a comer grandes cantidades de alimentos y disfrutan particularmente de los platos condimentados y suculentos. Además, les gusta la cerveza y los licores. Unas inclinaciones que les hace propensos a sufrir hipertensión y alteraciones del colon.

Su alimentación debería estar basada en cereales, verduras, fruta, legumbres y proteínas vegetales, reduciendo al máximo el consumo de grasas saturadas, proteínas animales y fritos.