La lengua refleja nuestro estado de salud

La lengua refleja nuestro estado de salud y observarla es fundamental en toda evaluación médica. Es muy sensible y cualquier alteración del organismo repercute en su aspecto rápidamente, ya que todos los órganos manifiestan su condición a través de la lengua. Por este motivo es un método milenario de diagnóstico estrechamente ligado a la medicina oriental.

Una lengua normal cabe bien entre los dientes, tiene un tono rosado sin marcas, no tiembla, tiene una humedad relativa y una capa blanquinosa (llamada saburra) ligeramente perceptible, limpia y brillante. Cuando los expertos la examinan se fijan en la forma, el tamaño, la tensión, las marcas, la coloración, la humedad, la sequedad y la saburra.

La lengua refleja nuestro estado de salud

  • Gruesa, pálida y con marcas dentales: indica una falta de energía y retención de flema (humedad, líquidos). Eso es causa de un tipo de alimentación que refresca y no calienta, con un exceso de bebidas frías, ensaladas, frutas tropicales o lácteos blandos.
  • Grande y oscura: el rojo oscuro, unido a un gran tamaño, nos habla de calor patógeno en el interior, en el que puede estar afectado o implicado el corazón. La causa se encuentra en la ingesta de alimentos como carne roja, embutido, fritos… Todos son de naturaleza caliente y agravan los desequilibrios por exceso de temperatura.
  • Delgada: la delgadez puede ser una característica anatómica de la persona o nos puede indicar una pérdida de masa, líquidos y fluidos.

Códigos de color

  • Tonalidad apagada: es signo de cansancio, problemas crónicos, frío, decadencia o convalecencia de una larga enfermedad.
  • Rojo subido de tono: es sinónimo de calor e hiperactividad.
  • Ennegrecida: los colores oscuros, sobre todo el negro, indican un exceso de toxinas en los riñones y la persona tiene que buscar asistencia médica inmediata.
  • Azulada: indica frío interno o problemas circulatorios.
  • Grisácea: se asocia a la existencia de una intoxicación y a un estado general delicado.
  • Amarillenta: señala la presencia excesiva de bilis en el torrente sanguíneo y puede ser que exista un problema de hígado, vesícula biliar o bazo.
  • Manchas blancas: hay que vigilar la ingesta de carne y de grasa animal.

¿Qué indica la capa blanquinosa?

La lengua tendría que estar limpia y tener un tono rosado intenso, características que muestran que la digestión y la circulación son buenas a la vez que revelan que la persona no está comiendo en exceso. Pero lo que vemos con frecuencia es que la lengua está cubierta entera o parcialmente por una capa blanquinosa, que aparece por dos motivos. El primero es el consumo excesivo de grasas, productos lácteos y pastas horneadas; alimentos que congestionan el organismo. Y, en segundo lugar, está el exceso de comida. Cuanto más se come más difícil es hacer bien la digestión, los intestinos no son capaces de eliminarlo todo y se acumulan los residuos, que el cuerpo intenta eliminar por donde sea posible, incluida la lengua.

Una saburra blanquinosa unida a la sensación de boca pastosa es síntoma de digestión pesada, mientras que, si es blanca y gruesa, pero hidratada, la cauda puede ser el frío, un mal funcionamiento gástrico, la retención de alimentos o el mal transporte de estos a través de los intestinos. La solución es activar el fuego digestivo con cereales (como el mijo o el trigo sarraceno), verduras escaldadas o al vapor en lugar de crudas y condimentos como el gomasio. Por descontado, se tiene que evitar todo aquello que enfríe y ralentice el metabolismo.