La piel en invierno

En invierno debemos cuidar nuestra piel de manera especial, ya que el viento, las bajas temperaturas y el calor de la calefacción en el interior hacen que nuestra piel quede reseca, irritada, con sensación de tirantez y más sensible de lo habitual. Para evitar su deshidratación podemos seguir los siguientes consejos.

– Por la noche es recomendable utilizar cremas faciales nutritivas. Hay que recordar que los geles y las lociones no nutren lo suficiente en invierno, y por eso es ideal utilizar cremas ricas y untosas.

– Durante el día hay que recurrir a las cremas hidratantes consistentes. Las pieles secas deben elegir una crema de día que contenga más aceites vegetales y que tenga una textura más consistente. Las cremas de día con un efecto altamente hidratante se basan en una combinación muy eficaz de sustancias, como los principios activos de la caléndula, la mateca de karité y los extractos de joroba. Otros ingredientes naturales que aumentan el nivel de humedad de la piel y protegen contra la deshidratación son el sorbitol y el pantenol.

– Para la tirantez, mascarillas-crema. Si el cuidado básico no es suficiente, al despertar notaremos la piel tensa. En ese caso, se aconsejan las mascarillas-crema como cuidado adicional –las podemos dejar actuar durante toda la noche-. Su función es aportar hidratación y retener la humedad de la piel, revitalizando las pieles secas.

– Mascarillas regeneradoras que reactivan las funciones de la piel. Su objetivo es restaurar el equilibrio natural de la piel y eliminar los rastros de sequedad y cansancio. La textura de la piel se afina y adquiere un tacto aterciopelado y suave.

– Finalmente, no debemos olvidar la protección solar. Es imprescindible protegerse debidamente, sobre todo durante la práctica de deportes de invierno, ya que los efectos nocivos aumentan con la altura y el reflejo de la nieve.