La riqueza de la repostería integral

Los alimentos integrales son aquellos que no han estado procesados ni refinados y que conservan todas sus propiedades nutritivas. Los alimentos refinados, al contrario, son sometidos a procesos industriales que destruyen gran parte de sus micronutrientes esenciales, hecho que impacta negativamente sobre nuestra salud.


En el mercado podemos encontrar varios tipos de harina de trigo: integral, refinada y sin blanquear.

– Integral: se obtiene a partir del grano molido y de su piel, las partes que acumulan la mayor parte de vitaminas, minerales y oligoelementos del grano, el origen de su elevada aportación nutricional.

– Refinada: se obtiene retirando el salvado de la harina integral mediante un proceso de tamizado. Seguidamente se somete a un proceso de blanqueo con sustancias muy polémicas como próxidos, azodicarbonamida, dióxido de clorina y bromato de potasio, entre otras. Algunas de estas sustancias están prohibidas en países alrededor del mundo.

– Harina sin blanquear: mantiene sus pigmentos carotenoides (de color amarillo y rojizo) que son responsables del sabor del pan. En las harinas blanqueadas estos pigmentos son retirados químicamente para hacer la harina aún más blanca, un hecho que resta sabor y aroma al pan, además de las secuelas que deja en nuestro cuerpo.

Beneficios de los productos integrales

Los alimentos integrales mantienen intactas sus propiedades nutricionales y aportan vitaminas del grupo B, vitamina E, minerales y grasas poliinsaturadas, procedentes del germen del cereal. La vitamina E ejerce un efecto antioxidante capaz de frenar la acción de los radicales libres, que están implicados en la aparición de diversas enfermedades.

Estos alimentos son más sabrosos y la textura de los cereales integrales es más firme y crujiente. Aportan fibra, que mejora el tránsito intestinal y contribuye a prevenir y tratar el estreñimiento. Además, ayudan a reducir los niveles de colesterol y, por tanto, el riesgo de enfermedades cardiovasculares.