Los cereales en la macrobiótica

Según la macrobiótica, la base de una alimentación equilibrada la constituyen principalmente los cereales, ya que son una fuente de energía imprescindible.

Si revisamos la alimentación de nuestros antepasados veremos que tiene muchos puntos con la pirámide alimentaria de la macrobiótica. Una manera de comer que nos remite a los tiempos en que se comía, mayoritariamente, cereales integrales, verduras, hortalizas y frutas.

Los cereales en la macrobiótica

Según la macrobiótica, la base de una alimentación equilibrada la constituyen principalmente los cereales como elemento equilibrador, ya que su equilibrio yin y yang es el que más se aproxima al de nuestro organismo. En este sentido, los cereales tendrían que representar aproximadamente la mitad del total de la ingesta calórica diaria, ya que son una fuente de energía imprescindible.

Desde el punto de vista energético, los cereales son las semillas de la planta y, por tanto, tienen la capacidad de generar vida. Cuando el grano no es integral, o esta aplastado en forma de harina, conserva una parte de sus nutrientes, pero ya no será capaz de crear una nueva planta.

En el contexto de una dieta macrobiótica lo recomendado es que los cereales integrales sean de cultivo ecológico, porque la gran cantidad de pesticidas que utiliza el cultivo no ecológico se acumulan la cáscara y el germen. Por tanto, cuando consumimos cereales integrales de origen ecológico nos aseguramos de que las sustancias de síntesis no lleguen a nuestro organismo.

La dieta macrobiótica aconseja comer los cereales (centeno, trigo sarraceno, mijo, avena, centeno, trigo…) en su versión integral, ya sean cocidos, hervidos o guisados, aunque también puedes incluir productos derivados, que van desde las sémolas y la pasta hasta las galletas de harina integral. Descubre las técnicas de cocina del mijo, el trigo sarraceno y la quinoa, para mantener intactos sus beneficios nutricionales.