Los colores y los sabores en la mesa

Los colores y los sabores en la mesa son importantes a la hora de preparar un menú. El objetivo principal es cubrir las necesidades nutricionales, pero además es interesante pensar en los sabores básicos que el paladar es capaz de detectar y en los colores esenciales que alegran la vista.

Los colores y los sabores en la mesa

Los cinco sabores básicos que encontramos en los alimentos son dulce, salado, ácido, amargo y picante. Cada uno de estos tonifican un órgano interno, y colabora así en la salud y el bienestar del comensal.

  • Dulce: tiene que predominar en la comida en un 80%. El resto de los sabores se incorporan en pequeñas cantidades para estimular, ya que en gran cantidad producen el efecto contrario. Hablamos del dulce polisacárido propio de los cereales, verduras dulces y fruta, no del clásico sabor del azúcar refinado. El dulce saludable fortalece el estómago, el bazo y el páncreas, y estimula las funciones digestiva y de absorción además de relajar la tensión. Vídeo receta de quinoa con verduras.
  • Salado: da fuerza al riñón, la bufeta, la vesícula biliar y el aparato reproductor. Lo encontramos en la sal, la salsa de soja, el miso, las aceitunas negras… No obstante, tomado en exceso puede perjudicar a estos mismos órganos.
  • Ácido: fortifica el hígado y la vesícula biliar, estimulando la secreción de la bilis. Se localiza en el limón, el vinagre, los pickles o el chucrut. Resulta muy interesante para acompañar alimentos grasientos.
  • Picante: actúa en beneficio del pulmón y del intestino grueso, dinamiza la digestión a nivel intestinal y elimina las flemas y grasa (humedad). La aportan los alimentos como la pimienta, el ajo, los rabanitos o el jengibre.
  • Amargo: vigoriza el corazón y el intestino delgado. Se encuentra en algunas verduras (escarola, endivias, acelgas, alcachofa, diente de león), en el café, el café de cereales, el té verde, las semillas bastante tostadas, etc. Es un sabor que enfría el cuerpo y se recomienda a personas con sobrepeso y exceso de calor.

Otro aspecto para tener en cuenta en la preparación de las comidas es la variedad de colores de los alimentos. Un menú que contenga los colores básicos satisface más que uno monocolor, sin contar que cada una de las tonalidades indica la presencia de sustancias protectoras y saludables indispensables en la dieta diaria.

  • Blanco: los alimentos de este color (ajo, cebolla, puerro) contienen alicina y promueven la producción de enzimas que ayudan a combatir las infecciones por bacterias, reducen el colesterol mal (LDL) y la formación de placas en el interior de las arterias.
  • Rojo: el licopeno es el pigmento rojo del tomate, el pomelo, la remolacha y la sandía. Se estima que su capacidad antioxidante es el doble que la del betacaroteno y se le atribuye el beneficio potencial de reducir el riesgo cardiovascular. La mejor manera de consumirlo y asimilarlo es tomarlo acompañado de alguna grasa saludable, como el aceite de oliva, por ejemplo.
  • Naranja: zanahorias, mangos, papayas, albaricoques y calabazas contienen betacaroteno, un pigmento antioxidante que actúa como provitamina A. Numerosos estudios asocian el consumo de carotenoides a un incremento de la respuesta inmunitaria. Igualmente, ayuda a reducir el riesgo de colesterol. Vídeo receta de crema de calabaza y coco al curry.
  • Verde: brócoli, espinacas, acelgas, coles de Bruselas y hojas verdes tienen en común el elevado contenido de polifenoles y luteína. Así mismo, son fuente de vitamina C y K, hierro y clorofila, y tienen propiedades desintoxicantes y depurativas.
  • Azul – Morado: ciruelas, uvas, moras, arándanos, berenjenas, col lombarda, remolacha y judías negras son alimentos ricos en antocianinas, un importante subgrupo de la extensa familia de los flavonoides, que favorecen la circulación sanguínea y tienen reconocidas propiedades antioxidantes.
  • Beige – Marrón: las semillas de lino y de sésamo, los cereales integrales y el centeno son excelentes contra el envejecimiento de la dermis, ya que la nutren e hidratan. Igualmente, mejoran las funciones generales de la piel, el cabello y las uñas.