Los sabores fundamentales

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La medicina tradicional china considera que las personas necesitamos en nuestra alimentación los cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y picante. Una necesidad que no sólo se basa en la capacidad de los alimentos de estimular el paladar, sino también en sus propiedades dietéticas y terapéuticas, ya que cada sabor produce un efecto energético diferente en el organismo.

Los sabores fundamentales - megustacomersano

Dulce

Debe ser el sabor predominante, por encima de los otros cuatro. Lo aportan las verduras, los granos integrales, las legumbres y las semillas. Es el responsable de estimula el estómago, el bazo y el páncreas y, por tanto, contribuye a mejorar la digestión.

 

Salado

Se encuentra en la sal, en el tamari, el miso, las aceitunas, los quesos, etc. Estimula el riñón y la bufeta. En cantidades moderadas potencia la digestión, tonifica el ánimo y aumenta la capacidad de concentración.

 

Ácido

Lo tenemos cuando aliñamos las verduras con limón o vinagre. Es un sabor desintoxicante y alcalinizante que tonifica el hígado y la vesícula biliar, además de estimular la formación de la bilis, que ayuda a disolver las grasas y las proteínas que llegan al estómago. Según la medicina china, las personas irascibles tienen exceso de calor, y para encontrarse mejor tienen que tomar alimentos ácidos de naturaleza fresca como los cítricos, el vinagre de arroz y las verduras fermentadas.

 

Amargo

Este sabor abunda en el mundo vegetal, sobre todo en las hojas verdes (diente de león, escarola, alcachofa, té verde…) y en la piel de las frutas. En general, tienden a bajar la presión de la sangre, a la vez que actúa en la zona cardíaca y limpia las arterias.

 

Picante

Lo encontramos en las verduras (ajo, cebolla y rábano), las hierbas (menta y laurel) y los condimentos (pimienta, chile y jengibre). Moviliza y dispersa la energía y la dirige hacia el exterior del cuerpo; desbloquea y evita estancamientos. Por este motivo, es capaz de limpiar los pulmones de mucosidades generadas por el consumo excesivo de lácteos, carnes, grasas, harinas y azúcares.


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