Macrobiótica, la alimentación japonesa

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La macrobiótica considera que para determinar un correcto estilo de alimentación se deben tener en cuenta todos los aspectos de nuestra existencia: la estación, el clima, la situación geográfica, la actividad física, las costumbres tradicionales, la constitución y el estado de salud.

El alimento es considerado el principal motor de la existencia del hombre, y detrás de cualquier problema siempre existe una práctica alimentaria incorrecta. Por tanto, una dieta macrobiótica bien hecha nos puede ayudar a resolver gran parte de las dificultades a las que nos enfrentamos.

Para conseguir los objetivos de este tipo de alimentación debemos comer cereales, legumbres, verduras, derivados de soja, fruta cruda en pequeñas cantidades y pescado blanco dos veces por semana. Michio Kushi, quien se ha encargado de difundir la dieta macrobiótica por todo el mundo, nos da algunos consejos de vida para potenciar los efectos de la dieta macrobiótica; mantenerse activo, expresar gratitud, masticar bien, irse a dormir y levantarse pronto, evitar ropa de tela sintética, evitar los utensilios de aluminio, el horno y el microondas, mantener la casa ordenada…

Proporción de alimentos recomendados

– Cereales integrales: tienen que constituir el 50 o 60% del volumen total de la alimentación diaria.

– Verduras: a las raíces, las hojas verdes y las hortalizas les corresponde el 30% del total.

– Proteína vegetal o pescado: el porcentaje de estos alimentos debe ser del 15%.

– Frutas de temporada, algas, frutos secos y semillas: la proporción es del 5%, y en los meses de verano hay que aumentar el consumo de fruta.

– Bebidas: por ejemplo, té de kukicha, té bancha, café de cereales…

– Derivados de soja: miso, shoyu, tamari, tempe y tofu.

– Condimentos: generalmente saladas, como el gomasio (sal de sésamo), umeboshi (ciruela fermentada en sal), tekka (preparado de raíces horneadas con miso) y sal marina.

– Aceites sin refinar: tienen que ser de primera presión en frío, como el de sésamo.


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