Qué comer para no estar enfadados

Los alimentos que comemos diariamente influyen no sólo en nuestra salud física sino también en nuestra estabilidad mental y emocional. Si te sientes irritable y te enfadas a menudo es posible que el hígado esté sobrecargado a causa de un exceso de grasas saturadas y proteínas animales. Revisa tu dieta y notarás un gran cambio.

Los efectos de la dieta sobre nuestro estado anímico y psicológico son muy importantes, aunque la mayoría de veces no somos conscientes de cómo nos influyen los alimentos que comemos. Desde el punto de vista de la medicina oriental, el aspecto físico, el emocional y el mental son inseparables, y la relación ente los órganos internos y las emociones es directa.

  • Riñón y autoestima: sabemos que potenciando la autoestima de una persona podemos mejorar el estado de su riñón. De la misma forma, cuando mejoran las condiciones del riñón, la persona ve cómo aumentan su autoestima y valentía.
  • Corazón y estado de ánimo: cuando el corazón está sano nos sentimos alegres, lúcidos y en paz, pero cuando no está energéticamente bien sufrimos ansiedad, angustia, nerviosismo, insomnio y ansiedad mental.
  • Sistema digestivo y claridad mental: el estómago y el intestino delgado están relacionados con la determinación, la capacidad de decisión, la empatía y el buen funcionamiento del cerebro, pero también con la confusión mental y la falta de ánimo.
  • Hígado y energía: el hígado es el gran distribuidor de energía, según la medicina oriental, y también el filtro por donde pasan los alimentos antes de llegar a la sangre y que está directamente relacionado con el diafragma y la función respiratoria.

Qué comer para no estar enfadados

A la hora de comer, el objetivo es que las grasas puedan ser fácilmente digeridas, diluidas y metabolizadas, de manera que no se acumulen en la zona del hígado y el diafragma.

  • Reducir las grasas saturadas: tenemos que evitar os fritos, los lácteos, los embutidos, las carnes, la mantequilla… En caso de continuar comiendo estos productos se tienen que acompañar de alimentos que ayuden a la digestión y a la solubilización de las grasas por parte de los fluidos digestivos y biliares. Hablamos de verduras amargas, rábanos, chucrut, agua con limón, etc.
  • Aumentar el consumo de proteínas vegetales: comer soja, legumbres combinadas con arroz, seitán, tofu y tempe es la mejor opción para sustituir la grasa animal.
  • Comer verduras en abundancia: tenemos que escoger verduras de hojas verdes frondosas e intensas como la col verde y el brócoli (que sólo se tiene que hervir 3 minutos), verduras depurativas (como alcachofas, espárragos, remolacha, endivias, hinojo, apio y achicoria) y también puerros, canónigos, hojas de nabo y rábanos.
  • Cereales cada día: el maíz, la cebada, el trigo, la espelta y el trigo persa son los más adecuados. En forma de pasta o cuscús son muy fáciles de cocinar. Receta de cuscús con calabaza y garbanzos.
  • Condimentar con hierbas aromáticas: perejil, cebollino, albahaca, menta (fresca o en infusión), cilantro, orégano, tomillo, salvia, etc.
  • Tomar infusiones depurativas: diente de león, alcachofa o cardo mariano.
  • Vigilar con los alimentos picantes o calientes: ajo, pimentón, pimienta negra, jengibre, etc.
  • Evitar los procesados y el alcohol: se tienen que eliminar de la dieta los alimentos procesados y con aditivos químicos, así como las bebidas alcohólicas, excepto la cerveza de trigo, que se puede beber con moderación.