Entrevistas

Carlos de Prada: «Los alimentos ecológicos tienen más sustancias beneficiosas y menos perjudiciales»

Carlos de Prada ha dedicado gran parte de su vida a divulgar lo que la ciencia sabe sobre el impacto de ciertas sustancias en la salud de las personas y el planeta.

Carlos de la Prada - Entrevistas - Veritas

Carlos de Prada, comunicador especializado en temas ambientales

Periodista especializado en temas ambientales, autor de libros como Infancia sin pesticidas o La epidemia química, Premio Global 500 de las Naciones Unidas y Premio Nacional de Medio Ambiente.

Vamos directos al grano: ¿los productos ecológicos son mejores que los no ecológicos?

Evidentemente. Hasta el punto de que se puede afirmar que la única forma de comer realmente sano es comer ecológico, ya que las evidencias científicas muestran que las frutas y verduras ecológicas contienen más sustancias beneficiosas: más materia seca, más nutrientes, más fenoles, más oligoelementos…

¿Y en la carne existen diferencias?

De lo que se come se cría. Si un animal come un pienso sin apenas nutrientes, esos nutrientes no van a estar en la carne. Una de las ventajas de la carne ecológica es que el perfil de ácidos grasos es mucho mejor.

¿Cuáles son las ventajas de los alimentos ecológicos?

Además de atesorar más sustancias beneficiosas, tienen menos sustancias perjudiciales, como residuos de pesticidas, cadmio, etc. Lo que más preocupa son los residuos de pesticidas, unas sustancias asociadas a muchos problemas de salud, con frecuencia por exponerse a niveles muy bajos de concentración. Hay estudios que revelan que una persona que pasa de una dieta no ecológica a una ecológica, en pocos días ve cómo cae drásticamente la presencia de residuos de pesticidas en su organismo.

Carlos de la Prada, comunicador especializado en temas ambientales.

Sin embargo, ese no es el único inconveniente de determinados pesticidas…

También hay que añadir el impacto ambiental que tienen sobre elementos clave del funcionamiento de los ecosistemas, como la polinización –muy afectada por la exposición a insecticidas– o el daño que causan sobre el control biológico de plagas, como la aparición de plagas secundarias.

Se llama plaga secundaria a organismos que no eran plaga pero que pasan a serlo al eliminar sus enemigos naturales con pesticidas.

Las autoridades sanitarias aseguran que todo lo que comemos es seguro, sea cual sea su forma de producción.

Las deficiencias de los sistemas oficiales de evaluación del riesgo químico son tantas y tan graves que se puede afirmar que lo que dicen no tiene, con frecuencia, demasiada base.

Una muestra clara es el efecto cóctel: la evaluación del riesgo de exposición a pesticidas se hace sobre la base de que te expongas en un momento dado a uno solo. Pero eso no sucede en la vida real, porque las frutas y las verduras no ecológicas no acumulan residuos de un único pesticida. Por ejemplo, una única fresa no ecológica puede contener restos de 10 o más.

Carlos de la Prada, comunicador especializado en temas ambientales.

Y además, en una comida no solo ingieres una pieza de fruta, sino más alimentos, cada uno de los cuales puede tener sus correspondientes pesticidas; de hecho, se ha visto que una mezcla de sustancias, cada una de las cuales por separado parecen no provocar ningún efecto, producen un efecto tremendo cuando están juntas.

¿Cuál es el problema que hay detrás?

Uno de los más serios es que la mayoría de estudios sobre los efectos de los pesticidas que las agencias reguladoras tienen en cuenta han sido realizados por la propia empresa que quiere comercializar ese pesticida.

Carlos de la Prada, comunicador especializado en temas ambientales.

Así, hay una clara diferencia en los resultados de los estudios que encarga la industria y los realizados por la ciencia académica independiente.

¿Los pesticidas tienen un efecto sobre el modelo de producción agrícola?

Claro, se ha generado una dependencia malsana del uso de estos tóxicos en muchos agricultores y, con frecuencia, van dentro de un mismo pack con el fertilizante y la semilla. Un gran porcentaje de las semillas usadas en la agricultura no ecológica son semillas de las propias multinacionales que fabrican los pesticidas.

Se calcula que el 85% de las variedades de plantas de cultivo tradicionales ha desaparecido ya.

Carlos de la Prada, comunicador especializado en temas ambientales.

Si llega el día en que solo dispongamos de unas pocas y vulnerables semillas de las multinacionales, la alimentación mundial podría estar en riesgo.

¿De qué manera?

Una planta tradicional tiene una diversidad genética interna que no poseen las semillas que venden las multinacionales. Estas son uniformes y estables, genéticamente idénticas, lo que las hace mucho menos adaptables y más vulnerables a cualquier problema. En cambio, si dispones de una inmensa variedad de semillas para elegir, puedes seleccionar alguna que resista o se adapte a esas nuevas condiciones.

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