La mejor receta contra el estrés

El estrés es una reacción defensiva física y mental de nuestro organismo para afrontar un ambiente desfavorable, y hay investigaciones recientes que han comprobado las relaciones entre el estrés y la alimentación. Una de las principales recomendaciones es comer de manera equilibrada, escogiendo nutrientes adecuados y evitando los alimentos que pueden acentuar el estrés.

Prácticamente todos nos hemos sentido estresados en un momento u otro. Tenemos la sensación de perder el control, notamos que las circunstancias nos superan, siempre vamos deprisa, nos falta tiempo… Se dice que el estrés aparece cuando la valoración de las demandas y exigencias que tenemos que afrontar es superior a la de nuestros recursos.

La mejor receta contra el estrés

Una de las claves para evitar el estrés es una alimentación rica en nutrientes, que mantiene el organismo fuerte ante los embates de la vida.

Hidratos de carbono: equilibran los niveles de azúcar

La glucosa es el combustible universal. Todas las células pueden obtener energía a partir de la glucosa, que es fundamental para el buen funcionamiento de las células del sistema nervioso.

El metabolismo necesita tener un nivel estable de glucosa en la sangre porque tanto las subidas como las bajadas de azúcar son negativas. Las hipoglucemias, o bajadas de azúcar, provocan sensación de desconexión con el entorno, debilidad y ansiedad. Si estas sensaciones se vuelven crónicas, pueden ser responsables de alteraciones de memoria, cambios de personalidad e incluso de cuadros depresivos.

Los hidratos de carbono de absorción lenta son imprescindibles para mantener unos niveles regulares de glucosa en sangre. Se liberan en la sangre progresivamente y proporcionan la glucosa necesaria durante más tiempo y con menos subidas de intensidad. Las legumbres y los cereales integrales son alimentos ricos en hidratos de carbono de absorción lenta.

Triptófano: aporta paz, serenidad y buen humor

Las proteínas son cadenas largas de aminoácidos. El fenómeno de la vida se sustenta sobre veinte de estos aminoácidos, ocho de los cuales son esenciales. Y una dieta equilibrada tiene que incluir las cantidades necesarias de estos aminoácidos. Los aminoácidos producen neurotransmisores, unas sustancias que utilizan las neuronas para enviarse mensajes entre si a través de impulsos nerviosos. Es el caso del triptófano, a partir del cual se sintetiza la serotonina, un neurotransmisor asociado a los estados de serenidad y responsable del control del sueño y del buen humor.

Según diferentes estudios, la velocidad de la formación de serotonina en el cerebro depende de la concentración de triptófano en la sangre, lo cual es, hasta cierto punto, manipulable mediante la alimentación. Por tanto, una dieta rica en huevos, lácteos, pescado, carne, legumbres, fruta y frutos secos nos dará paz, fortaleza, serenidad y buen humor.

Grasas buenas: estabilizan el sistema nervioso

Las grasas de buena calidad permiten la absorción de las vitaminas liposolubles en los intestinos y aportan las cantidades necesarias de los ácidos grasos esenciales linoleico y alfa-linoleico. Estos ácidos son los padres de las familias omega-3 y omega-6, los ácidos grasos implicados en el buen funcionamiento del cerebro.

Se encuentran en el pescado azul, el aguacate, las semillas de lino y de chía, el aceite de oliva virgen, el aceite de semillas, los frutos secos, los cereales integrales, la soja y el germen de trigo.

En una alimentación equilibrada, las grasas de buena calidad tiene que aportar entre el 25% y el 35% de las calorías totales diarias.

Antioxidantes: previenen el desgaste del cerebro

Los antioxidantes tienen la capacidad de disminuir el efecto destructivo de los radicales libres, unos compuestos que pueden lesionar estructuras tan fundamentales como son el material genético o las membranas celulares.

Los radicales libres son fruto del funcionamiento normal del organismo, pero el estrés potencia la producción. El cuerpo tiene mecanismos para atenuar el impacto y hay nutrientes que tienen una función antioxidante, como las vitaminas C y E, el zinc, el cobre, el manganesio y el selenio. Además de estos nutrientes, también tenemos que consumir alimentos ricos en flavonoides, unas sustancias antioxidantes reconocidas.

Se encuentran en el brócoli, las endivias, el perejil, el ajo, la cebolla, la manzana, el té, el vino y algunas plantas aromáticas como el tomillo o el romero.

Vitaminas del grupo B: levantan el estado de ánimo

La deficiencia de vitaminas del grupo B provoca trastornos como son irritabilidad, dificultad de concentración, depresión, insomnio y fatiga. Se encuentran en los cereales integrales y en las verduras.

Magnesio: el mineral antiestrés

La estrecha relación entre alimentación y estrés queda clara en el caso del magnesio, ya que se ha establecido un círculo vicioso entre el estrés y la deficiencia de este mineral. Así, el estrés puede provocar un déficit de magnesio y, al mismo tiempo, el déficit de magnesio crea un estado de hipersensibilidad al estrés.

Se encuentra en el germen de trigo, la levadura de cerveza, las almendras, las verduras y el plátano.

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